En el frío Norte, antes de ser monstruo, fue hombre. Fafnir, impulsado por una codicia ciega, asesinó a su propio padre para adueñarse de un tesoro divino y un anillo maldito. Pero el oro mal habido pesa en el alma. Para proteger su botín de la envidia del mundo, su cuerpo comenzó a cambiar: su piel se cubrió de escamas impenetrables, sus dedos se estiraron en garras afiladas y su aliento se convirtió en veneno abrasador. Se retiró a una cueva profunda, arrastrándose sobre sus monedas, convertido en el dragón de la avaricia. Fafnir nos recuerda que aquello que acumulas con obsesión termina por cambiar tu naturaleza, y que el tesoro que proteges con garras puede convertirse en tu propia prisión.
MAZO COMPLETO
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